Ya de chiquito, o mejor dicho desde antes de nacer, sabía que iba a ser hincha de independiente. Y tanto mis viejos como mi hermano se esforzaron en que siga ese camino, y debo decir que lo lograron.
En ese camino me hablaron de muchos jugadores, dirigentes, técnicos. Me hablaron de historia y me hablaron de hazañas. De mística, de paladar negro. Me hablaron de copas, muchas copas.
Y es raro que de todas las cosas que me contaron sobre independiente hay algo que se repite, alguien mejor dicho. Un personaje singular, único en su especie. Ídolo de Dios, maestro de sus tiempos y de los míos también.
Me contaban las historias del Rey Mago de Zarate.
Ese que, a los casi 20 años, le metió un gol a la Juventus para salir campeón del mundo.
Ese que gano mas de la mitad de las Libertadores que tiene el club en total (y que espero sean mas)
Ese que metió el gol de la máxima hazaña en el país, jugando con 8 jugadores y con el rival, el arbitraje y todo un país en contra.
Ese que, junto a los otros 10 guerreros, fue a tierras inglesas a conquistar el mundo nuevamente
Hoy 25 de enero de 2019 este, mi Rey Mago cumple 65 años y yo le quería dedicar unas palabras.
Porque dejo su nombre en los pases brillantes, porque tenia una pegada mágica, porque nunca se cansó de ganar copas.
Independiente es sinónimo de Bochini, Bochini es sinónimo de independiente.
“Solo le pido a Dios que Bochini juegue para siempre. Siempre para Independiente para toda la alegría de la gente”
Muchas gracias y feliz cumple Maestro,
viernes, 25 de enero de 2019
miércoles, 23 de enero de 2019
Es caprichoso el azar
Yo se que quiere levantarme el ánimo pero siento que no sirve de nada que lo haga y que cada vez que intenta hacerlo es peor y me irrita más.
Me dice que me ponga contenta que falta poco para mi cumpleaños y que vamos a ir a comer a mi lugar favorito con los chicos. La verdad es que no tengo muchas ganas ni de ir, ni de estar con ellos ni de nada. Me gustaría poder irme lejos de acá un tiempo. No sé cuánto, tal vez mucho o tal vez poco pero si me preguntas que quiero, es eso.
Seamos realistas, los chicos tampoco tienen muchas ganas de ir a cenar al mismo restaurante de siempre en la misma fecha todos los años a comer lo mismo que comen cada vez que festejamos mi cumple.
La mayor vive con el celular, boludeando en Instagram y Twitter todo el día y ni pelota me da y el otro boludeando con sus muñecos y sus figuritas. Si no aparezco por unos días seguros ni se enteran.
¡Y justo cuando tengo un problema que resolver con ellos me vienen a cambiar de persona! Tengo que explicar todo de nuevo y esperar otra vez que me contesten.
Abrió la puerta, saludó al gerente de piso y juntos cruzaron toda la oficina para discutir sobre unos temas - no estoy segura de que tenían que hablar además de presentarse - pero a los pocos segundos se acercó hasta mi escritorio. Nos saludamos. Me dijo que estaba al tanto de mi tema con la compañía y con el pasajero, que el problema fue en realidad una falta de ellos y que le iban a devolver el dinero y ofrecerle una plata en compensación - ahora no recuerdo cuanto - para un próximo vuelo con la aerolínea.
Le agradecí por su preocupación y su ayuda y de paso le di la bienvenida. Era un tipo carilindo, unos cuarenta y monedas, pelo largo, de traje y con la barba crecida pero ordenada. No tan atleta pero en buena forma, flaco y petiso.
Hablamos un par de veces más por mail, para saber del pasajero y de que paso con el problema. Yo le había dicho que el pasajero quedó contento, que estaba pensando su próximo viaje para usar la plata que le habían dado. Pasaban los días y las charlas iban pasando al plano personal. El me contaba de su vida, de su esposa y, claro, yo le contaba de mi vida y mi familia.
Me gusta hablar con él. Tenemos esas charlas amenas y con una simpleza que agrada, aunque lo mejor de nuestra relación sin duda son las invitaciones a las fiestas y reuniones que hace su empresa para las agencias de viajes.
Nos quedamos hablando un rato largo tomando unos tragos que servían en la barra. Hablamos de muchas cosas, ninguna relacionada con el trabajo. Me siento muy linda y él me lo remarca cuando puede. No sé bien que pasa, pero algo más se siente en el aire. ¿O será una cosa mía? No nos sacamos los ojos de encima.
Mas entrada la madrugada se me acerca con cautela y, en un susurro al oído, me dice que tiene una reserva de hotel para esa noche a pocas cuadras de ahí. Tengo 2 por ciento de batería así que le mando un mensaje a mi marido que llegaba tarde y que apagaba el celular, agarro mis cosas y sin que nadie me viera me voy.
Ni siquiera pensé en preguntarle cómo era que lo tenía reservado de antes. ¿Que había que pensar? Mis labios deseaban conocer el sabor de sus labios, mi cuerpo quería frotarse con su cuerpo, yo quería sentirlo dentro de mí.
Hace mucho no me hacían sentir tan viva y femenina. Me gusta tocar su pecho y acariciarlo. Luego del sexo nos quedamos hablando de cualquier cosa, comidas, infancia, gustos musicales. Coincidimos en que el primer Serrat, el de los primeros discos era mejor, después se puso boludo con los años.
Termina esa noche. Nos despedimos con un beso largo y pasional en el lobby del hotel, ese beso que indica que todo salió bien. En casa, por suerte, no se levantaron sospechas.
Más allá de la química que tenemos podemos contarnos cualquier cosa, decirnos cualquier cosa y hasta criticarnos cualquier cosa. Se respira un aire diferente en esas escapadas secretas.
No sé que puedo hacer, pero algo tengo que hacer. Algo quiero hacer, algo. La cabeza me da vueltas. Lo abrazo, le acaricio el pelo y me pongo a llorar. Ahí nomas y sin mediar palabra alguna lo beso. Hay furia en ese beso, hay impotencia, desahogo. No pienso, actúo por inercia. Una cosa lleva a la otra y de pronto estamos teniendo sexo, uno de los mejores a mi parecer. Mientras, pensaba en que iba a pasar conmigo. ¿Cómo fue que hace unos días esperaba que pase mi cumple y los días siguientes y ahora no quiero que pase ni un segundo?
Agarro lapicera y papel, escribo lo poco que me sale y lo dejo en la mesa de la cocina. Me subo al taxi y me voy. Nos encontramos en la terminal de Retiro para irnos a Córdoba. Está hecha un asco y llena de polvo pero no me importa, nos vamos lejos de todo y de todos a disfrutar juntos el tiempo que nos queda.
Me dice que me ponga contenta que falta poco para mi cumpleaños y que vamos a ir a comer a mi lugar favorito con los chicos. La verdad es que no tengo muchas ganas ni de ir, ni de estar con ellos ni de nada. Me gustaría poder irme lejos de acá un tiempo. No sé cuánto, tal vez mucho o tal vez poco pero si me preguntas que quiero, es eso.
Seamos realistas, los chicos tampoco tienen muchas ganas de ir a cenar al mismo restaurante de siempre en la misma fecha todos los años a comer lo mismo que comen cada vez que festejamos mi cumple.
La mayor vive con el celular, boludeando en Instagram y Twitter todo el día y ni pelota me da y el otro boludeando con sus muñecos y sus figuritas. Si no aparezco por unos días seguros ni se enteran.
***
Un martes cualquiera nos avisan en la oficina que va a venir el nuevo ejecutivo de Aeroméxico. Al parecer el anterior tuvo un quilombo con sus jefes, la discusión se fue a otro tono y terminaron a las piñas.
Abrió la puerta, saludó al gerente de piso y juntos cruzaron toda la oficina para discutir sobre unos temas - no estoy segura de que tenían que hablar además de presentarse - pero a los pocos segundos se acercó hasta mi escritorio. Nos saludamos. Me dijo que estaba al tanto de mi tema con la compañía y con el pasajero, que el problema fue en realidad una falta de ellos y que le iban a devolver el dinero y ofrecerle una plata en compensación - ahora no recuerdo cuanto - para un próximo vuelo con la aerolínea.
Le agradecí por su preocupación y su ayuda y de paso le di la bienvenida. Era un tipo carilindo, unos cuarenta y monedas, pelo largo, de traje y con la barba crecida pero ordenada. No tan atleta pero en buena forma, flaco y petiso.
Hablamos un par de veces más por mail, para saber del pasajero y de que paso con el problema. Yo le había dicho que el pasajero quedó contento, que estaba pensando su próximo viaje para usar la plata que le habían dado. Pasaban los días y las charlas iban pasando al plano personal. El me contaba de su vida, de su esposa y, claro, yo le contaba de mi vida y mi familia.
Me gusta hablar con él. Tenemos esas charlas amenas y con una simpleza que agrada, aunque lo mejor de nuestra relación sin duda son las invitaciones a las fiestas y reuniones que hace su empresa para las agencias de viajes.
***
La fiesta por los 20 años de Aeroméxico es en un salón en el centro de la ciudad. El ejecutivo de mi empresa nos había dado entradas para ir, así que con un par de la oficina fuimos. Habíamos llegado un poco tarde, culpa del taxi que se perdió.Nos quedamos hablando un rato largo tomando unos tragos que servían en la barra. Hablamos de muchas cosas, ninguna relacionada con el trabajo. Me siento muy linda y él me lo remarca cuando puede. No sé bien que pasa, pero algo más se siente en el aire. ¿O será una cosa mía? No nos sacamos los ojos de encima.
Mas entrada la madrugada se me acerca con cautela y, en un susurro al oído, me dice que tiene una reserva de hotel para esa noche a pocas cuadras de ahí. Tengo 2 por ciento de batería así que le mando un mensaje a mi marido que llegaba tarde y que apagaba el celular, agarro mis cosas y sin que nadie me viera me voy.
Ni siquiera pensé en preguntarle cómo era que lo tenía reservado de antes. ¿Que había que pensar? Mis labios deseaban conocer el sabor de sus labios, mi cuerpo quería frotarse con su cuerpo, yo quería sentirlo dentro de mí.
Hace mucho no me hacían sentir tan viva y femenina. Me gusta tocar su pecho y acariciarlo. Luego del sexo nos quedamos hablando de cualquier cosa, comidas, infancia, gustos musicales. Coincidimos en que el primer Serrat, el de los primeros discos era mejor, después se puso boludo con los años.
Termina esa noche. Nos despedimos con un beso largo y pasional en el lobby del hotel, ese beso que indica que todo salió bien. En casa, por suerte, no se levantaron sospechas.
***
Mi cumple se acerca y mi marido me lo hace recordar día tras día pero yo no le doy pelota. Ya tengo mi regalo, un bombón de 40 pirulos que me hace acordar que mi tiempo como mujer no había terminado y que podía seguir disfrutando. Lo que para nuestras familias eran reuniones, horas extra en el trabajo y after office laborales para nosotros eran momentos de descarga, placer e inspiración.Más allá de la química que tenemos podemos contarnos cualquier cosa, decirnos cualquier cosa y hasta criticarnos cualquier cosa. Se respira un aire diferente en esas escapadas secretas.
***
Me senté en la cama como queriendo despertar del sueño. Pero no era un sueño, era real. Lo que me estaba pasando era real. No lo puedo creer. Un día antes de mi cumpleaños. ¿Pero cómo puede ser? Una mínima falla en el corazón que se fue agrandando y que le da solo un año más de vida. ¿Es así de injusta la vida para todos?
No sé que puedo hacer, pero algo tengo que hacer. Algo quiero hacer, algo. La cabeza me da vueltas. Lo abrazo, le acaricio el pelo y me pongo a llorar. Ahí nomas y sin mediar palabra alguna lo beso. Hay furia en ese beso, hay impotencia, desahogo. No pienso, actúo por inercia. Una cosa lleva a la otra y de pronto estamos teniendo sexo, uno de los mejores a mi parecer. Mientras, pensaba en que iba a pasar conmigo. ¿Cómo fue que hace unos días esperaba que pase mi cumple y los días siguientes y ahora no quiero que pase ni un segundo?
***
La cena en el restaurante es un embole. Mi marido hablando de su día laboral, la mayor sacándole fotos a la comida y el menor jugando con sus muñecos. Yo miraba la mesa, totalmente ida. Mi marido me pregunta si estoy bien y le asiento con la cabeza. Me siento como atrapada, con ganas de gritar y romper todo. Llegamos a casa, cada uno se va a su habitación y yo me quedo en el living, sola, pensando y pensando mirando el celular.
Agarro lapicera y papel, escribo lo poco que me sale y lo dejo en la mesa de la cocina. Me subo al taxi y me voy. Nos encontramos en la terminal de Retiro para irnos a Córdoba. Está hecha un asco y llena de polvo pero no me importa, nos vamos lejos de todo y de todos a disfrutar juntos el tiempo que nos queda.
***
Siento que estoy prisionera en una vida que no me corresponde. Siento que estoy con la persona equivocada. Por eso me voy. Suerte.
Nicole
Consigna 4 - Nicolas Dudelsack
Consigna 4 - Taller de escritura
Buenas, como andan ??
En esta ocasión voy a subir el texto que tuvimos que hacer para una de las clases del taller donde teníamos que escribir desde la mirada del sexo opuesto.
Una historia romántica con un poco de drama para hacerlo mas interesante.
Ahí va la consigna :
Los chicos son chicas, las chicas son chicos.
Están casados o en pareja, con dos hijos pero fastidiados a punto de separarse, sólo les falta un empujón para mandar esa vida a la mierda y VOILA, algo acaba de sucederles. Se cruzaron con alguien que les movió el piso. Se vieron, se gustaron, se acostaron y ahora la cosa se complica porque el otro, ese que les movió todo, les dijo que tiene un año de vida.
Quiero que cuenten lo que les venga a la cabeza con este disparador en primera persona.
Usen :
Me quedaba 2 por ciento de batería.
La terminal de Retiro es un asco.
El primer Serrat era mejor, después se puso boludo.
En esta ocasión voy a subir el texto que tuvimos que hacer para una de las clases del taller donde teníamos que escribir desde la mirada del sexo opuesto.
Una historia romántica con un poco de drama para hacerlo mas interesante.
Ahí va la consigna :
Los chicos son chicas, las chicas son chicos.
Están casados o en pareja, con dos hijos pero fastidiados a punto de separarse, sólo les falta un empujón para mandar esa vida a la mierda y VOILA, algo acaba de sucederles. Se cruzaron con alguien que les movió el piso. Se vieron, se gustaron, se acostaron y ahora la cosa se complica porque el otro, ese que les movió todo, les dijo que tiene un año de vida.
Quiero que cuenten lo que les venga a la cabeza con este disparador en primera persona.
Usen :
Me quedaba 2 por ciento de batería.
La terminal de Retiro es un asco.
El primer Serrat era mejor, después se puso boludo.
viernes, 4 de enero de 2019
Saliendo de la rutina
Estoy pensando en Tomi, mi hijo, y en su insistencia por saber si no me canso de hacer siempre el mismo recorrido, si no me canso de ver todo el tiempo lo mismo, de ir siempre por los mismos lugares.
Un poco de lógica tiene lo que me dice porque siempre es igual. Siempre saludo a las mismas personas, siempre paro en los mismos lugares a comprar más o menos las mismas cosas. Y cuando le respondo que no, que en realidad me gusta la rutina, se me queda mirando, como que no entiende mucho.
¿Pero también eso es un laburo no? Digo, trabajar en una oficina también tiene su rutina. Llegar siempre al mismo horario, hacer lo mismo frente a la computadora y viajar en el mismo medio de transporte día tras día.
No sé, me gusta la rutina, me gusta adaptarme a algo y quedarme ahí.
Ahora esta esa moda del cambio y de que no hay que quedarse en un lugar y esas boludeces. A mi dejame donde estoy que estoy tranquilo, pero bueno, los pibes de hoy en día que se yo.
Todos los días llevo al nene al colegio y me voy para la terminal del 111, allá por Puerto Madero. Me subo a la chata, pongo derecho el espejito y dejo visible el escudo del rojo para que todos lo puedan ver bien.
Pienso que me gustaría vivir en Avellaneda. Provincia siempre es más tranquila que capital con sus corridas y sus problemas. Además estaría cerca de la cancha para ir con Tomi mas seguido.
Por ahora viene tranquilo el día pero en Parque Chas me quede trabado en el medio de un quilombo, algo que nunca pasa. ¿Qué habrá pasado? No puedo siquiera doblar y esto no avanza. Los bocinazos ya empiezan a sonar y el malhumor de la gente se empieza a sentir.
- Veníamos bien - El tipo en el asiento de adelante tira el comentario así al pasar mientras se arregla el saco.
- Que se yo. Raro igual, no suele pasar nada por acá.
Pego un bocinazo que seguro levanta de la siesta a más de uno.
- ¡Dale che! ¿Qué está pasando viejo? - Grito sacando la cabeza por la ventanilla.
- Parece que hay un quilombo con un edificio ahí en la avenida - Me dice un pibe sin sacar la vista del telefonito.
Saco el mío, mucho más viejo y pedorro que el del pibe. Aprovecho que tengo bastantes mensajes sin leer aunque seguro sea del grupo de los muchachos mandando algún video gracioso o una imagen de una mina en bolas.
"Ojo por Parque Chas que hubo un derrumbe del edificio alto ahí por Constituyentes."
Mi jefe. La puta madre, no nos vamos mas de acá.
Leo el mensaje siguiente: "Parece que también hay otro derrumbe más adelante, por Villa Pueyrredon. Constituyentes todo cortado, si podes metete por adentro"
¿Y ahora qué hago? No puedo salir de acá, estoy atascado y esto tira para largo. ¡La puta madre!
- Parece que hubo varios derrumbes en la ciudad - Comenta el pibe del telefonito.
Me lee: "Derrumbes en toda la ciudad. Al parecer los edificios más altos están cayendo dejando miles de heridos y muertos en las calles"; "El gobierno sin respuesta, se necesita un plan de acción urgente."; "¿Ataque terrorista en Buenos Aires? Los edificios más altos se derrumban por toda la ciudad, la gente aterrada corre por todos lados."
- Y sigue... Todos están con eso. Alta catástrofe.
Les pido disculpas a los pasajeros y los hago bajar, seguro tenga que cortar recorrido o volver a la estación. Por suerte la mayoría entendió aunque algún boludo tiró un comentario pero ni pelota le di.
De pronto me llega un mensaje de Viviana, mi ex mujer.
"¿Te llamaron del colegio del nene? Al parecer hubo un derrumbe cerca, estoy yendo para allá."
Empiezo a chivar, la mano derecha no para de moverse, se me va pegando la camisa. Siento un hilo frío que me va congelando la espina y me va dejando paralizado. Como puedo agarro el teléfono y empiezo a marcar pero me quedo mirando el teléfono. ¿Cuál era el número del colegio? Me acuerdo que lo tengo agendado. Intento llamar pero nadie contesta.
Suena mi teléfono, número desconocido. Solo pude escuchar que era policía y algo con un derrumbe en la escuela. Y ahí estaba yo, escuchando a la mujer hablar y mirando a la nada, inmóvil, pensando en mil cosas.
Salgo corriendo para alguna avenida y pienso en Los incas que está cerca. Mis piernas no paran, van solas como por inercia. Mi cuerpo no puede más pero saca fuerzas de no sé donde para seguir. Veo un taxi libre parado en el semáforo y ni pregunto. Abro la puerta y le doy una dirección
- ¡Por favor, rápido!
Recién ahora me doy cuenta que dejé el colectivo solo en el medio de ese quilombo. Le avise a mi jefe pero poco me importaba, otra cosa me tenia mas preocupado.
Viviana estaba trabada en un embotellamiento producto de otro derrumbe. Al parecer estaban cayendo los edificios más altos de toda capital y la radio del taxi lo confirmaba.
Nos acercamos bastante a la zona del colegio pero por el caos era imposible pasar. Me bajo del taxi y corro los metros que me faltan para llegar. Me quedé duro viendo la escena, parecía una zona bombardeada por misiles.
Bomberos, policías, ambulancias, gente gritando por todos lados, Algunos corriendo de un lado al otro de la calle, otros tratando de sacar a los que están metidos entre los escombros. Muchos llorando desconsolados.
Quise meterme entre los escombros pero un policía me detuvo casi con un tackle a los hombros. Le conté que era padre de un nene de la escuela y tratando de calmarme me contó lo que había pasado. Tenía en mi pecho mil cosas para decir y no sabía por cual empezar. No me salía la voz, lo único que podía hacer era respirar fuerte. Estaba agitado y hecho mierda.
Mientras tanto veía como sacaban cuerpos sin vida que fueron aplastados por el derrumbe. Había cuerpos más grandes y otros más chicos.
Y sin poder contener las lágrimas, me quebré.
Un poco de lógica tiene lo que me dice porque siempre es igual. Siempre saludo a las mismas personas, siempre paro en los mismos lugares a comprar más o menos las mismas cosas. Y cuando le respondo que no, que en realidad me gusta la rutina, se me queda mirando, como que no entiende mucho.
¿Pero también eso es un laburo no? Digo, trabajar en una oficina también tiene su rutina. Llegar siempre al mismo horario, hacer lo mismo frente a la computadora y viajar en el mismo medio de transporte día tras día.
No sé, me gusta la rutina, me gusta adaptarme a algo y quedarme ahí.
Ahora esta esa moda del cambio y de que no hay que quedarse en un lugar y esas boludeces. A mi dejame donde estoy que estoy tranquilo, pero bueno, los pibes de hoy en día que se yo.
Todos los días llevo al nene al colegio y me voy para la terminal del 111, allá por Puerto Madero. Me subo a la chata, pongo derecho el espejito y dejo visible el escudo del rojo para que todos lo puedan ver bien.
Pienso que me gustaría vivir en Avellaneda. Provincia siempre es más tranquila que capital con sus corridas y sus problemas. Además estaría cerca de la cancha para ir con Tomi mas seguido.
Por ahora viene tranquilo el día pero en Parque Chas me quede trabado en el medio de un quilombo, algo que nunca pasa. ¿Qué habrá pasado? No puedo siquiera doblar y esto no avanza. Los bocinazos ya empiezan a sonar y el malhumor de la gente se empieza a sentir.
- Veníamos bien - El tipo en el asiento de adelante tira el comentario así al pasar mientras se arregla el saco.
- Que se yo. Raro igual, no suele pasar nada por acá.
Pego un bocinazo que seguro levanta de la siesta a más de uno.
- ¡Dale che! ¿Qué está pasando viejo? - Grito sacando la cabeza por la ventanilla.
- Parece que hay un quilombo con un edificio ahí en la avenida - Me dice un pibe sin sacar la vista del telefonito.
Saco el mío, mucho más viejo y pedorro que el del pibe. Aprovecho que tengo bastantes mensajes sin leer aunque seguro sea del grupo de los muchachos mandando algún video gracioso o una imagen de una mina en bolas.
"Ojo por Parque Chas que hubo un derrumbe del edificio alto ahí por Constituyentes."
Mi jefe. La puta madre, no nos vamos mas de acá.
Leo el mensaje siguiente: "Parece que también hay otro derrumbe más adelante, por Villa Pueyrredon. Constituyentes todo cortado, si podes metete por adentro"
¿Y ahora qué hago? No puedo salir de acá, estoy atascado y esto tira para largo. ¡La puta madre!
- Parece que hubo varios derrumbes en la ciudad - Comenta el pibe del telefonito.
Me lee: "Derrumbes en toda la ciudad. Al parecer los edificios más altos están cayendo dejando miles de heridos y muertos en las calles"; "El gobierno sin respuesta, se necesita un plan de acción urgente."; "¿Ataque terrorista en Buenos Aires? Los edificios más altos se derrumban por toda la ciudad, la gente aterrada corre por todos lados."
- Y sigue... Todos están con eso. Alta catástrofe.
Les pido disculpas a los pasajeros y los hago bajar, seguro tenga que cortar recorrido o volver a la estación. Por suerte la mayoría entendió aunque algún boludo tiró un comentario pero ni pelota le di.
De pronto me llega un mensaje de Viviana, mi ex mujer.
"¿Te llamaron del colegio del nene? Al parecer hubo un derrumbe cerca, estoy yendo para allá."
Empiezo a chivar, la mano derecha no para de moverse, se me va pegando la camisa. Siento un hilo frío que me va congelando la espina y me va dejando paralizado. Como puedo agarro el teléfono y empiezo a marcar pero me quedo mirando el teléfono. ¿Cuál era el número del colegio? Me acuerdo que lo tengo agendado. Intento llamar pero nadie contesta.
Suena mi teléfono, número desconocido. Solo pude escuchar que era policía y algo con un derrumbe en la escuela. Y ahí estaba yo, escuchando a la mujer hablar y mirando a la nada, inmóvil, pensando en mil cosas.
Salgo corriendo para alguna avenida y pienso en Los incas que está cerca. Mis piernas no paran, van solas como por inercia. Mi cuerpo no puede más pero saca fuerzas de no sé donde para seguir. Veo un taxi libre parado en el semáforo y ni pregunto. Abro la puerta y le doy una dirección
- ¡Por favor, rápido!
Recién ahora me doy cuenta que dejé el colectivo solo en el medio de ese quilombo. Le avise a mi jefe pero poco me importaba, otra cosa me tenia mas preocupado.
Viviana estaba trabada en un embotellamiento producto de otro derrumbe. Al parecer estaban cayendo los edificios más altos de toda capital y la radio del taxi lo confirmaba.
Nos acercamos bastante a la zona del colegio pero por el caos era imposible pasar. Me bajo del taxi y corro los metros que me faltan para llegar. Me quedé duro viendo la escena, parecía una zona bombardeada por misiles.
Bomberos, policías, ambulancias, gente gritando por todos lados, Algunos corriendo de un lado al otro de la calle, otros tratando de sacar a los que están metidos entre los escombros. Muchos llorando desconsolados.
Quise meterme entre los escombros pero un policía me detuvo casi con un tackle a los hombros. Le conté que era padre de un nene de la escuela y tratando de calmarme me contó lo que había pasado. Tenía en mi pecho mil cosas para decir y no sabía por cual empezar. No me salía la voz, lo único que podía hacer era respirar fuerte. Estaba agitado y hecho mierda.
Mientras tanto veía como sacaban cuerpos sin vida que fueron aplastados por el derrumbe. Había cuerpos más grandes y otros más chicos.
Y sin poder contener las lágrimas, me quebré.
Consigna 6 - Nicolás Dudelsack
Consigna 6 - Taller de escritura
Buenos días a tod@s !
Vamos con otra consigna que hicimos en el taller, en este caso, con el genero catastrofe. Para esta consigna a cada uno le fue asignado un rol diferente para que, ademas de cambiar la hisotria, cambie la vision de quien lo cuenta.
A mi me tocó :
Colectivero, quedó atrapado en el medio de los embotellamientos.
Así que aquí va el enunciado del encuentro :
Vamos con otra consigna que hicimos en el taller, en este caso, con el genero catastrofe. Para esta consigna a cada uno le fue asignado un rol diferente para que, ademas de cambiar la hisotria, cambie la vision de quien lo cuenta.
A mi me tocó :
Colectivero, quedó atrapado en el medio de los embotellamientos.
Así que aquí va el enunciado del encuentro :
Una mañana, en Buenos Aires. Todo viene tranquilo hasta que, de repente, escuchan una explosión. Siguen el ruido, se acercan. El edificio más grande del barrio se ha derrumbado. De a poco se enteran de que esto no pasó solo en sus barrios, sino que en toda la Ciudad se derrumban los edificios más altos, sólo esos, como si alguien los eligiera como target. Quiero que me cuenten, en dos carillas, la cosa desde una perspectiva diferente c/u.
*Son disparadores, nunca “cárceles creativas". Puede haber amor, traición, poesía, política, bla bla…
Bienvenidos al género catástrofe.
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La ruta del desierto
No podía más de la ansiedad, recuerdo que esa noche casi no dormí. Pero siempre antes de un viaje me pasa lo mismo, ya lo tenía asumido. No...
