jueves, 5 de septiembre de 2019

La ruta del desierto

No podía más de la ansiedad, recuerdo que esa noche casi no dormí. Pero siempre antes de un viaje me pasa lo mismo, ya lo tenía asumido.
Nos íbamos con los chicos del taller de escritura a Bariloche para asistir a la presentación del nuevo libro del profe en el hotel Llao Llao. Apenas nos lo propuso dijimos que si, ¿Cómo nos íbamos a perder semejante viaje? 

Para ahorrar en gastos nos íbamos todos en la combi de Nico, Majo tenía una tía con una casa enorme muy cerca del centro cívico y los demás llevábamos cosas para comer y tomar en el viaje.

Habíamos pactado salir el viernes a la mañana así que alrededor de las 9am nos juntamos en el estudio donde se dicta el taller, allá por el barrio de Colegiales. Teníamos varias horas hasta llegar, así que cuanto antes salíamos antes llegábamos. 

Por suerte el viaje no tuvo complicaciones de transito. Íbamos escuchando música, contando anécdotas de viajes o leyendo algún que otro cuento en voz alta mientras que comíamos unas ricas medialunas y el mate pasaba de mano en mano.
Insistimos en parar un par de veces para que Nico descanse porque luego tendríamos que cruzar la famosa “Ruta del desierto”, peligroso camino que nos conectaba a Neuquén y donde por casi 200km no había más que ruta en línea recta y un extenso terreno de pastizal a los costados.

Cargamos combustible y agua para el mate en General Acha, un pueblito pequeño en la provincia de La Pampa. 
Allí conocimos a Julia y Ernesto, una pareja muy amable que estaba buscando quien los pueda alcanzar a Bariloche ya que, al parecer, se les había pinchado el tanque de nafta
Nosotros vamos para allá, si quieren los alcanzamos. – Dijo Nico.
¡Muchas gracias! Si no es molestia aceptamos la invitación. Tenemos comidas – Y señalo su mochila negra la cual parecía abultada.

Se subieron a la combi y marchamos hacia la peligrosa ruta.
Eran pasadas las 19hs, delante de nosotros el sol iba desapareciendo y el hambre empezaba a hacerse presente. 
¿Nadie tiene algo de comer? Muero de hambre. – Dije desde el asiento de copiloto mientras me agarraba el estomago.

Y apenas terminé la frase un golpe en la cabeza me dejó inconsciente.

Cuando pude abrir los ojos vi a mis compañeros al costado de la ruta, algunos llorando y otros desesperados pidiendo ayuda a los gritos.
Nos habían robado las billeteras, los celulares, la comida y el abrigo. ¡Hasta la combi se habían llevado!
¿Cómo se me ocurrió subirlos? ¡Soy un boludo! – Gritaba Nico mientras se agarraba la cabeza. 

La escena era  desoladora.
Nos encontrábamos en el medio de la ruta mas desértica y peligrosa de Argentina, sin comida, ni abrigo y nadie alrededor para pedir ayuda. Para colmo los autos no suelen transitar por ese camino a esa hora por lo peligroso que es. 
Alrededor nuestro solo se escuchaba el viento mezclarse con el pastizal. El frio lastimaba y la noche se hacía dueña de la escena.

Nosotros estábamos solos, ya no teníamos fuerzas y nos sentíamos perdidos. Solo queríamos pasar la noche de alguna manera para llegar vivos al otro día cuando de pronto:
Pssss Pssss – Se escuchaba desde los pastizales - Síganme. 

Una sombra se vio a lo lejos, por entre medio de los pastizales, pero desapareció al instante y no se pudo distinguir nada más.

Psss Psss – De nuevo la sombra del pastizal
Rápido, sino no podre ayudarlos. Las bestias van a aparecer en cualquier momento.

Al parecer el tiempo corría. Algunos querían seguir a la sombra y otros preferían no arriesgarse. Lo que si sabían era que ninguna de las dos opciones daba todas las garantías de llegar sanos y salvos a destino. 

Finalmente decidimos ir con la sombra, al fin y al cabo quedarse ahí era igual de peligroso. Todos, salvo Majo y Nati que decidieron quedarse. Con una bufanda, una camperita y cualquier otra cosa que tenían a mano trataron de taparse para no morirse de frio.

Los demás caminamos en fila hacia la sombra y seguimos el camino que nos había dejado. Luego de una larga caminata y mucho frio, llegamos a un extenso terreno de tierra con pequeñas chozas.
Parecía un campamento abandonado, todo en completo silencio y tan solo la sombra en el centro.
Ahora si pudimos verla mejor. Era una figura humana de un hombre robusto con una túnica larga y unas plumas que salían de su cabeza

Soy Alca – Hum, cacique de la tribu Pampa. Por favor, descansen aquí para poder volver a su camino con la salida del sol. 

Y desapareció con el viento.

No sabíamos si era una trampa o una ilusión.
Caminamos despacio sin hacer ruido hacia una pequeña choza que había a pocos metros de donde estábamos parados y nos metimos dentro, todo en silencio para evitar que alguien nos escuche. 
Las chozas estaban hechas de una textura áspera pero gruesa que evitaba que el viento entre.

Nos organizamos para vigilar por turnos mientras otros dormían y rotábamos cada tanto para que todos podamos descansar. 

Apenas salió el sol nos levantamos rápido y, nuevamente sin hacer ruido, volvimos al pastizal para poder volver a la ruta, encontrarnos con las chicas y ver de qué forma podíamos llegar a destino.

A paso rápido y mirando para todos lados llegamos al lugar donde todo empezó pero no encontramos ni a Nati ni a Majo.
Lo único que encontramos fue una bufanda en el suelo y una huella enorme al lado.

Consigna 14 - Taller de escritura

Bienvenidos nuevamente !!

Volvemos esta semana con el genero policial (uno de mis favoritos para leer pero uno de mis odiados para escribir).
Leímos 'Bola de sebo' de Guy de Maupassant (año 1880 aprox), una lectura bastante extensa y uno de los primeros cuentos realistas que aparecían

Costó pero aqui esta la consigna de la semana :

Están dentro de una “diligencia” (vamos a cambiarla por una Combi para hacerlo en el tiempo de hoy). Se quedan sin nafta en el medio de una ruta desierta con el resto de los compañeros del taller. Se hace de noche, no hay nada para comer, no queda líquido, aprieta el frío y no tienen abrigos. No hay señal de celular. 
En una carilla y media, quiero que me cuenten una historia en ese contexto. 


Que el cielo esté a su favor

lunes, 15 de abril de 2019

El collar de Justina

Eran las 9am del domingo. El viento se abría camino por las calles empedradas y traía consigo lluvia y frio. Las nubes tenían ese tono gris oscuro que anunciaba que la tormenta no tardaría mucho en venir.

Enrique caminaba solo por las calles de San Telmo con pasos apurados y cara de misterio, vestido con un piloto largo y negro y unas botas de lluvia.

Agarró Balcarce derecho con los ojos bien abiertos y siempre sujetando el bolsillo de su piloto.

Sus pasos cada vez eran más rápidos, sentía que en cualquier momento iba a correr y eso iba a llamar la atención así que intentó calmarse.

Se sintió un poco aliviado cuando vio el cartel de Humberto 1° y aflojó el paso. Dio la vuelta a la esquina pero no pudo avanzar, sus músculos se tensaron y se quedó duro.

La policía había llegado apenas minutos antes que él para desalojar el lugar. Disparos, garrotazos, gente tirada en el piso, otros corriendo y algunos esposados subiendo a un camión grande que

tenia escrito a un costado en naranja "PLN - Policía Laica Nacional"

Enrique se escondió detrás de unos escombros a unos pasos de donde estaba, cuando una luz anaranjada le llamó la atención. Un olor a quemado se empezó a sentir y el viento le fue llevando de a poco un humo negro y pesado que invadía las calles y sus alrededores.


Se volteó para ver lo que él ya sabía. La policía estaba quemando la pequeña construcción de madera y metiendo a todos los cuerpos sin vida que yacían afuera.

Creyó reconocer un cuerpo mientras lo tiraban al interior del fuego. Era Julián, su hijo, y esa construcción era la capilla del barrio.

Las lágrimas caían de los ojos de Enrique sin poder controlarlas, sentía que su boca se secaba y su corazón latía más rápido. De pronto su celular comenzó a vibrar.

Deslizó el dedo sobre la pantalla y la imagen de una mujer pequeña apareció. Era una mujer del tamaño de un encendedor, tenía las ropas desgastadas y rotas y se la notaba agitada.
- ¡¡Papa!! Qué suerte que estas bien. Pensé que no íbamos a salir vivos de ahí. Me la pude llevar a Justina al refugio, pero… pero… - La voz se le iba quebrando - Julián no pudo salir,lo atraparon.
- María, escuchame bien – Le dijo mientras se secaba las lágrimas. - Yo estoy en la capilla, llegue justo para ver el desalojo. No se muevan, voy para allá. 

Y el holograma de María desapareció.

Enrique guardó su celular y comenzó su marcha hacia el refugio. A su paso iba encontrando pilas de escombros, cruces cristianas quemadas y algunas pocas construcciones religiosas todavía en llamas.

De los pocos edificios que seguían de pie, aunque en ruinas, se podían ver carteles con las letras PLN y debajo una frase “Dios no los cuida, los cuidamos nosotros”

Llegó al lugar indicado. Cruzó el patio delantero, donde alguna vez supo brillar el verde y crecían hermosas flores, ahora descuidado y lleno de polvo.
El refugio era una casona baja y pequeña, de madera, con huecos y los cristales de las ventanas rotos. No se distinguía el color que alguna vez supo tener.

Tocó la puerta, dos golpes suaves, uno más fuerte y dos golpes suaves nuevamente para, finalmente, susurrar su nombre cerca del picaporte.
La puerta se abrió y apareció la mujer pequeña del celular, esta vez en tamaño real pero con los mismos ropajes. Estaba sucia, llena de polvo.
Se abrazaron y entraron rápido.

Entraron a una pequeña sala de estar con apenas un sillón, una mesa chica y una biblioteca antigua con libros viejos y llenos de polvo.
Hasta ahí se dirigieron, agarraron un libro del costado derecho y empujaron el mobiliario. Y así, como por arte de magia, se abrió una puerta secreta del otro lado que daba a una escalera caracol.

Bajaron las escaleras en silencio, solo se escuchaba el cierre de la puerta secreta. Abajo era un lugar totalmente diferente.

Todo mas iluminado, un comedor grande con una mesa larga y muchos chicos con un plato de comida rezando. En la punta un señor mayor vestido con una túnica negra y un alzacuello dando las bendiciones. Y en todas las paredes colgaban cuadros e imágenes de Jesús, varios santos y cruces cristianas de distintos tamaños y colores.
- ¡AMEN! – Se escucho por todo el comedor y los chicos devoraron lo que tenían delante.
Por fin Enrique y María pudieron relajarse, se abrazaron y lloraron a Julián sin despegarse uno del otro.Una vez que se tranquilizaron fueron a donde estaba Justina. Era una pequeña de 5 años, pelo rubio como el sol y la cara sin polvo ni suciedades.

Entraron al pequeño salón y allí estaba, sentada en una silla de ruedas, riendo y jugando con otros niños y niñas de su edad.
- ¡Abuelo, llegaste! – Y se dibujó una enorme sonrisa en la cara de la niña.
- Claro que si. No me iba a perder tu cumple por nada en el mundo. – La alzó a upa y la sacó de la sala – Te traje un regalo, era de tu mamá cuando era chica. Lo fui a buscar lejos de aquí, por eso llegué tarde.
Y sacó de su bolsillo lo que venía cuidando desde el comienzo de la caminata, una cadenita de plata brillante como sus dorados cabellos, con un dije de una cruz y escrito con letra pequeña “Dios es fiel”
- ¡Me encanta abuelo! Muchas gracias. Se lo voy a mostrar a mamá y al tío.
Enrique contuvo la respiración, contó hasta 5 y sonrió. Quería mantener la inocencia de Justina intacta y no arruinar ese feliz día para ella pero sabía que el poder había quemado y arrasado con todo en este último tiempo.

Con la religión, con los creyentes y sus templos. Y ahora también con Julián.

Consigna 13 - Taller de escritura

Buenos días a todos !

Para esta clase leímos literatura fantástica Argentina con Leopoldo Lugones: "La lluvia de fuego".
Esta vez si hubo algunas pautas.

Consigna :

Se levantan una mañana. Los templos de la ciudad empiezan a incendiarse. 
En dos carillas como máximo inventen: 

-la causa
-dos personajes al menos, uno que ve lo que pasa y el otro que lo sufre
-una historia de amor 

Suerte !

viernes, 15 de marzo de 2019

El futuro está escrito

Todavía no entiendo que es esto que me está pasando o porque me pasó a mi pero necesito contárselo a alguien así que espero que no crean que se me aflojó un tornillo.

Esto me pasó hace un mes aproximadamente. Me acuerdo perfecto, fue un lunes que salía del local.
Esa noche me quede ayudando al chico de la caja con no me acuerdo que cosa y salí un poco más tarde.
El cielo se caía a pedazos y diluviaba a más no poder.

Por salir más tarde no llegue a tomarme el 146 que me llevaba a casa, allá por el barrio de Devoto y tuve que esperar como 40min en la parada debajo del techito de tela del kiosco de la esquina.

No sé si fue el viento o la fuerza de la misma lluvia que desde un cuarto piso empujó una maceta débilmente sostenida hacia el techito del kiosco, el cual traspaso e impacto en mi cabeza.
Agradezco haber estado debajo del techo que sirvió para frenar la velocidad con la que caía, sino no se que hubiese pasado.

Lo siguiente que recuerdo fue la sala del hospital.
Me llamó la atención que este pintado, me lo hubiese esperado todo blanco. Me acuerdo del cuadro de flores que colgaba a la izquierda de la cama y a la derecha el ventanal enorme que indicaba que estaba en un piso muy alto.

En el medio de mi inspección, apareció una mujer vestida de blanco. Parecía estar entrando en los 50 años aunque muy bien mantenidos. Me llamó la atención sus rulos de oro que rebotaban con cada paso que daba.
Era la enfermera que me venía a controlar y a darme un vaso con agua.

Y de pronto sucedió.
En el momento en que me dio el vaso con agua mis manos tocaron sus manos y empecé a sentir como si estuviese en un túnel espacial viajando por el tiempo.
Sentía que la sangre corría mas rápido, sentía que estaba volando a gran velocidad y el viento me golpeaba la cara.

Abrí los ojos y me encontré con ella mirándome de frente pero no estaba de blanco sino más bien con un vestido largo negro con brillitos, unos zapatos rojos con taco alto y un collar de perlas que podía cegar al mismísimo sol.
Y detrás de ella una extensión de hermoso verde y la Torre Eiffel de fondo.

Después de un segundo volví al hospital y veo a la enfermera en el piso levantando el vaso que se me había caído

-       No te preocupes, ahora vengo a limpiarlo. ¿Te sentís bien?

No podía salir del shock. No pude omitir comentario, solo atiné a asentir con la cabeza.
Puso el vaso vació en la mesita al lado de la cama y se fue.

¿Qué había pasado? ¿Dónde estaba? ¿Dónde había ido? ¿Fue un sueño?
No podía lograr entender lo que había pasado. ¿Qué fue eso?
Me quedé solo en la habitación por un tiempo mirando a la pared de enfrente, por el ventanal hacia la calle o simplemente a la nada buscando una respuesta.

Más tarde volvió la enfermera.
-       ¿Te sentís mejor?
-       Emm si. Perdón, se me cayó sin querer. No quería...
-       No te hagas problema. Ya está, todo seco.

Y cuando se estaba yendo le pregunté con un poco de miedo
-       ¿Por casualidad estuviste en París? ¿O tenés pensado ir?

Supongo que era una pregunta que no esperaba. Luego de unos segundos contestó:
-       No, no conozco, aunque me encantaría. ¿Por qué la pregunta?
-       Por nada, solo curiosidad. Gracias.

Con más dudas que certezas salió de la habitación.

Al poco tiempo apareció mi vieja. Se la veía desesperada y llorando. Creo que no recuerdo un abrazo como el que me dio aquella vez.

-       Estaba muy preocupada. No me dejaban entrar a verte hasta que despiertes. ¿Cómo estás? ¿Cómo te sentís? ¿Qué paso? Te traje un bolsito con …
-       Ma, tranquila. Estoy bien, fue un golpe nomas.
-       ¿Pero estas bien? ¿Cómo te hiciste eso? Ay mira como te quedó la cabeza
-       Mama, por favor. Recién me despierto, estoy un poco mareado.
-       Perdón hijo pero me preocupo.

Me miró a los ojos y se secó las lágrimas. Se la notaba triste por la situación pero aliviada de que este cuidado, mal porque algo me pasara pero bien de que haya pasado.

Y cuando me agarró la mano ocurrió de nuevo.
Ese túnel espacial y el viaje en el tiempo. Esa adrenalina. La sangre fluyendo rápidamente.

Y de pronto la vi a ella con un vestido blanco, un velo y un rodete bien hecho. No tenia rastros de haber llorado, tenía la cara limpia y destacaba una sonrisa de esas que a uno le llenan el alma.
Detrás de ella una pared decorada con miles de rosas blancas.

Volví a la cama del hospital. Su cara había vuelto a ser un conjunto de mocos y lágrimas secas pero esta vez me miraba con algo de preocupación
-       ¿Estás bien hijo? ¿Qué te paso?
-       Emmm no nada. ¿Por casualidad te casaste?
-       ¿Qué? ¿De qué hablas? ¿Cómo me voy a casar y no vas a enterarte? Aparte no sé si Antonio quiera, estamos bien pero… pero… ¿Por qué me preguntas eso?
-       Acabo de verte vestida de blanco, sonriendo. ¡Recién! Me estaré sintiendo mal. Probablemente tenga que descansar.

Se veía en su cara que estaba desconcertada.
Trató de calmarse un poco, se echó para atrás y entornó la puerta
-       Te quiero hijo – Susurró mientras se alejaba de la sala más preocupada que aliviada.

Fueron dos semanas con bastantes visitas entre médicos, amigos, familia y compañeros de trabajo. En todo este tiempo intenté no tocar a nadie con la mano para evitar esa adrenalina y las imágenes sin sentido que veía.

¿Qué era eso? ¿Y porque las veía? ¿El golpe en la cabeza tendrá algo que ver?
Esas preguntas me daban vueltas constantemente y seguían sin respuesta.

Al final de la segunda semana apareció de nuevo la enfermera y me dijo que estaba listo para salir.
Me ayudó a preparar todo para que salga y cuando estábamos esperando a mi mamá para que firme los papeles y salir me dijo:

-       Me voy a París el mes que viene con mi hermana. Ayer me aviso que saco los pasajes y me acorde de vos – y me sonrió.

Me quedé asombrado. Saludé como pude a la enfermera, le agradecí por todo y me fui.
¿Acaso podía ver el futuro? ¿Cumplía los deseos de la gente? ¿O simple coincidencia?

Caminamos hasta el estacionamiento y entramos al auto. Apenas entré mi mama me miró y con una sonrisa de oreja a oreja me dio las buenas noticias. ¡Antonio le propuso matrimonio!

¡No podía creerlo! Se me mezclaban las emociones.
Felicidad por ellos dos pero confundido por no saber qué estaba pasando y además con miedo de decir lo que me pasaba y que me tomen por loco.

En el viaje me contó todo sobre cómo fue la proposición, me mostró el anillo y me detalló su idea de casamiento. Simple, con poca gente, al aire libre y con un DJ.
Me pregunto si ya sabía algo de todo esto pero me hice el distraído para evitar hablar del tema hasta que llegamos a casa donde estaba Antonio.

Me abrazó muy fuerte, sentía que me asfixiaba. Y en un rápido movimiento nuestras manos se tocaron y volvió a ocurrir. Las mismas sensaciones que habían pasado ya con mamá y la enfermera.
Esta vez lo vi a él tirado en el piso, pálido y con los ojos vacíosTenía la camisa cortada y pintada con un rojo intenso. Mi madre al lado llorando y gritando por ayuda.

Volví a casa, no paraba de temblar y el me miraba con cara de preocupación. Me fui corriendo a mi habitación y procuré no salir en toda la noche.

Hoy, un mes después de aquel suceso y mientras me cambio para darle el último adiós, puedo decir con certeza que el futuro está escrito para todos.

Consigna 12 - Taller de escritura

Volvimos !!

Para esta clase leimos un cuento de Cortazar "La noche boca arriba" y partiendo de ahí es que hicimos para el taller este texto. 
Esta vez no habia mucha trampa de palabras o frases pero como consigna habia que usar metaforas.

Ahí va la consigna :


En no mas de dos carillas hay que escribir un texto sobre alguna aparicion de un elemento fantastico que cambie la vida del personaje.
Cabe aclarar que el elemento fantastico puede ser tanto algo fantastico propiamente dicho o algo impensado/imposible de creer/milagroso que cambie la vida del protagonista.

No hay palabras ni frases clave, pero sí una obligación: usar, al menos, tres metáforas. (Googleen por las dudas, a veces uno cree que usa una metáfora y es otra cosa). 

Suerte !

viernes, 25 de enero de 2019

Mi Rey Mago

Ya de chiquito, o mejor dicho desde antes de nacer, sabía que iba a ser hincha de independiente. Y tanto mis viejos como mi hermano se esforzaron en que siga ese camino, y debo decir que lo lograron. 

En ese camino me hablaron de muchos jugadores, dirigentes, técnicos. Me hablaron de historia y me hablaron de hazañas. De mística, de paladar negro. Me hablaron de copas, muchas copas.

Y es raro que de todas las cosas que me contaron sobre independiente hay algo que se repite, alguien mejor dicho. Un personaje singular, único en su especie. Ídolo de Dios, maestro de sus tiempos y de los míos también.

Me contaban las historias del Rey Mago de Zarate.
Ese que, a los casi 20 años, le metió un gol a la Juventus para salir campeón del mundo.
Ese que gano mas de la mitad de las Libertadores que tiene el club en total (y que espero sean mas)
Ese que metió el gol de la máxima hazaña en el país, jugando con 8 jugadores y con el rival, el arbitraje y todo un país en contra.
Ese que, junto a los otros 10 guerreros, fue a tierras inglesas a conquistar el mundo nuevamente 

Hoy 25 de enero de 2019 este, mi Rey Mago cumple 65 años y yo le quería dedicar unas palabras.
Porque dejo su nombre en los pases brillantes, porque tenia una pegada mágica, porque nunca se cansó de ganar copas. 

Independiente es sinónimo de Bochini, Bochini es sinónimo de independiente. 

 “Solo le pido a Dios que Bochini juegue para siempre. Siempre para Independiente para toda la alegría de la gente”

Muchas gracias y feliz cumple Maestro,


La ruta del desierto

No podía más de la ansiedad, recuerdo que esa noche casi no dormí. Pero siempre antes de un viaje me pasa lo mismo, ya lo tenía asumido. No...