viernes, 15 de marzo de 2019

El futuro está escrito

Todavía no entiendo que es esto que me está pasando o porque me pasó a mi pero necesito contárselo a alguien así que espero que no crean que se me aflojó un tornillo.

Esto me pasó hace un mes aproximadamente. Me acuerdo perfecto, fue un lunes que salía del local.
Esa noche me quede ayudando al chico de la caja con no me acuerdo que cosa y salí un poco más tarde.
El cielo se caía a pedazos y diluviaba a más no poder.

Por salir más tarde no llegue a tomarme el 146 que me llevaba a casa, allá por el barrio de Devoto y tuve que esperar como 40min en la parada debajo del techito de tela del kiosco de la esquina.

No sé si fue el viento o la fuerza de la misma lluvia que desde un cuarto piso empujó una maceta débilmente sostenida hacia el techito del kiosco, el cual traspaso e impacto en mi cabeza.
Agradezco haber estado debajo del techo que sirvió para frenar la velocidad con la que caía, sino no se que hubiese pasado.

Lo siguiente que recuerdo fue la sala del hospital.
Me llamó la atención que este pintado, me lo hubiese esperado todo blanco. Me acuerdo del cuadro de flores que colgaba a la izquierda de la cama y a la derecha el ventanal enorme que indicaba que estaba en un piso muy alto.

En el medio de mi inspección, apareció una mujer vestida de blanco. Parecía estar entrando en los 50 años aunque muy bien mantenidos. Me llamó la atención sus rulos de oro que rebotaban con cada paso que daba.
Era la enfermera que me venía a controlar y a darme un vaso con agua.

Y de pronto sucedió.
En el momento en que me dio el vaso con agua mis manos tocaron sus manos y empecé a sentir como si estuviese en un túnel espacial viajando por el tiempo.
Sentía que la sangre corría mas rápido, sentía que estaba volando a gran velocidad y el viento me golpeaba la cara.

Abrí los ojos y me encontré con ella mirándome de frente pero no estaba de blanco sino más bien con un vestido largo negro con brillitos, unos zapatos rojos con taco alto y un collar de perlas que podía cegar al mismísimo sol.
Y detrás de ella una extensión de hermoso verde y la Torre Eiffel de fondo.

Después de un segundo volví al hospital y veo a la enfermera en el piso levantando el vaso que se me había caído

-       No te preocupes, ahora vengo a limpiarlo. ¿Te sentís bien?

No podía salir del shock. No pude omitir comentario, solo atiné a asentir con la cabeza.
Puso el vaso vació en la mesita al lado de la cama y se fue.

¿Qué había pasado? ¿Dónde estaba? ¿Dónde había ido? ¿Fue un sueño?
No podía lograr entender lo que había pasado. ¿Qué fue eso?
Me quedé solo en la habitación por un tiempo mirando a la pared de enfrente, por el ventanal hacia la calle o simplemente a la nada buscando una respuesta.

Más tarde volvió la enfermera.
-       ¿Te sentís mejor?
-       Emm si. Perdón, se me cayó sin querer. No quería...
-       No te hagas problema. Ya está, todo seco.

Y cuando se estaba yendo le pregunté con un poco de miedo
-       ¿Por casualidad estuviste en París? ¿O tenés pensado ir?

Supongo que era una pregunta que no esperaba. Luego de unos segundos contestó:
-       No, no conozco, aunque me encantaría. ¿Por qué la pregunta?
-       Por nada, solo curiosidad. Gracias.

Con más dudas que certezas salió de la habitación.

Al poco tiempo apareció mi vieja. Se la veía desesperada y llorando. Creo que no recuerdo un abrazo como el que me dio aquella vez.

-       Estaba muy preocupada. No me dejaban entrar a verte hasta que despiertes. ¿Cómo estás? ¿Cómo te sentís? ¿Qué paso? Te traje un bolsito con …
-       Ma, tranquila. Estoy bien, fue un golpe nomas.
-       ¿Pero estas bien? ¿Cómo te hiciste eso? Ay mira como te quedó la cabeza
-       Mama, por favor. Recién me despierto, estoy un poco mareado.
-       Perdón hijo pero me preocupo.

Me miró a los ojos y se secó las lágrimas. Se la notaba triste por la situación pero aliviada de que este cuidado, mal porque algo me pasara pero bien de que haya pasado.

Y cuando me agarró la mano ocurrió de nuevo.
Ese túnel espacial y el viaje en el tiempo. Esa adrenalina. La sangre fluyendo rápidamente.

Y de pronto la vi a ella con un vestido blanco, un velo y un rodete bien hecho. No tenia rastros de haber llorado, tenía la cara limpia y destacaba una sonrisa de esas que a uno le llenan el alma.
Detrás de ella una pared decorada con miles de rosas blancas.

Volví a la cama del hospital. Su cara había vuelto a ser un conjunto de mocos y lágrimas secas pero esta vez me miraba con algo de preocupación
-       ¿Estás bien hijo? ¿Qué te paso?
-       Emmm no nada. ¿Por casualidad te casaste?
-       ¿Qué? ¿De qué hablas? ¿Cómo me voy a casar y no vas a enterarte? Aparte no sé si Antonio quiera, estamos bien pero… pero… ¿Por qué me preguntas eso?
-       Acabo de verte vestida de blanco, sonriendo. ¡Recién! Me estaré sintiendo mal. Probablemente tenga que descansar.

Se veía en su cara que estaba desconcertada.
Trató de calmarse un poco, se echó para atrás y entornó la puerta
-       Te quiero hijo – Susurró mientras se alejaba de la sala más preocupada que aliviada.

Fueron dos semanas con bastantes visitas entre médicos, amigos, familia y compañeros de trabajo. En todo este tiempo intenté no tocar a nadie con la mano para evitar esa adrenalina y las imágenes sin sentido que veía.

¿Qué era eso? ¿Y porque las veía? ¿El golpe en la cabeza tendrá algo que ver?
Esas preguntas me daban vueltas constantemente y seguían sin respuesta.

Al final de la segunda semana apareció de nuevo la enfermera y me dijo que estaba listo para salir.
Me ayudó a preparar todo para que salga y cuando estábamos esperando a mi mamá para que firme los papeles y salir me dijo:

-       Me voy a París el mes que viene con mi hermana. Ayer me aviso que saco los pasajes y me acorde de vos – y me sonrió.

Me quedé asombrado. Saludé como pude a la enfermera, le agradecí por todo y me fui.
¿Acaso podía ver el futuro? ¿Cumplía los deseos de la gente? ¿O simple coincidencia?

Caminamos hasta el estacionamiento y entramos al auto. Apenas entré mi mama me miró y con una sonrisa de oreja a oreja me dio las buenas noticias. ¡Antonio le propuso matrimonio!

¡No podía creerlo! Se me mezclaban las emociones.
Felicidad por ellos dos pero confundido por no saber qué estaba pasando y además con miedo de decir lo que me pasaba y que me tomen por loco.

En el viaje me contó todo sobre cómo fue la proposición, me mostró el anillo y me detalló su idea de casamiento. Simple, con poca gente, al aire libre y con un DJ.
Me pregunto si ya sabía algo de todo esto pero me hice el distraído para evitar hablar del tema hasta que llegamos a casa donde estaba Antonio.

Me abrazó muy fuerte, sentía que me asfixiaba. Y en un rápido movimiento nuestras manos se tocaron y volvió a ocurrir. Las mismas sensaciones que habían pasado ya con mamá y la enfermera.
Esta vez lo vi a él tirado en el piso, pálido y con los ojos vacíosTenía la camisa cortada y pintada con un rojo intenso. Mi madre al lado llorando y gritando por ayuda.

Volví a casa, no paraba de temblar y el me miraba con cara de preocupación. Me fui corriendo a mi habitación y procuré no salir en toda la noche.

Hoy, un mes después de aquel suceso y mientras me cambio para darle el último adiós, puedo decir con certeza que el futuro está escrito para todos.

Consigna 12 - Taller de escritura

Volvimos !!

Para esta clase leimos un cuento de Cortazar "La noche boca arriba" y partiendo de ahí es que hicimos para el taller este texto. 
Esta vez no habia mucha trampa de palabras o frases pero como consigna habia que usar metaforas.

Ahí va la consigna :


En no mas de dos carillas hay que escribir un texto sobre alguna aparicion de un elemento fantastico que cambie la vida del personaje.
Cabe aclarar que el elemento fantastico puede ser tanto algo fantastico propiamente dicho o algo impensado/imposible de creer/milagroso que cambie la vida del protagonista.

No hay palabras ni frases clave, pero sí una obligación: usar, al menos, tres metáforas. (Googleen por las dudas, a veces uno cree que usa una metáfora y es otra cosa). 

Suerte !

La ruta del desierto

No podía más de la ansiedad, recuerdo que esa noche casi no dormí. Pero siempre antes de un viaje me pasa lo mismo, ya lo tenía asumido. No...