domingo, 23 de diciembre de 2018

En el barrio de las afueras

  • - Vamos, arriba, es hora de levantarse! 
Con el brillo del sol pegando directamente en su cara y muy pocas ganas de levantarse, Oscar se quedo mirando el techo, inmóvil.  
  • - ¡Dale, no quiero llegar tarde! Si no me voy sola y te tomas el colectivo, la parada del 60 queda acá nomas. 
Oscar se levantó rápido, odiaba viajar en colectivo. Fue al baño, se lavo la cara y se quedo mirando al espejo buscando fuerzas para enfrentar ese día. Al fin y al cabo en ese 2080 se cumplían 10 años de aquel triste episodio. 

No era un recorrido largo. Fueron caminando aun cuando la temperatura llegaba a los 37°. En la puerta los esperaba el dueño del lugar, les dio el pésame y los acompañó hasta donde estaba su lapida, junto al río. 
No había cajón, no había cuerpo. Solo un cartel en conmemoración y una frase que decía "Aquí se recuerda a Jessica, madre y amante" 

Apenas tuvieron la lapida enfrente Lourdes se quebró y sin pedir perdón ni permiso se agacho y abrazó a su hijo.  
  • - Siento que de alguna forma es mi culpa – Lloraba mientras abrazaba a Oscar más fuerte.  
Oscar paralizado, solo atinó a frotar su mano levemente por la espalda de su madre. 

Lourdes y Jessica se conocieron en la facultad allá por el 2060. Estudiaban Ciencias de la Educación juntas en la UBA.  
Fue un supuesto día de otoño. Supuesto porque habían sentenciado que por la contaminación mundial las temperaturas iban a tener una mínima de 20° e irían aumentando año tras año, el invierno ya casi un recuerdo y el Río de la Plata, junto a otros ríos del mundo, se adentraba varios kilómetros y dejaba en su lugar un terreno extenso de tierra húmeda. 

Bastaron 2 frases de Jessica sobre esa primera clase juntas para que Lourdes, aquella misma tarde, le mande un mensaje de texto y, entre cervezas y potes de maní, se fundan en un primer beso que luego llevaría a una noche de roces y goces en un hotel alojamiento a pocas cuadras de ahí. 

Pasaron los años y la relación , con sus vaivenes, fue creciendo. Primero se recibió Jessica. Lourdes, un poco más vaga, 2 años después. 
Claro que no fue fácil, sobre todo para Jessica. Sus papas no sabían de sus gustos secretos y tuvieron que enterarse viéndola a escondidas con Lourdes a los besos en plena facultad un día de invierno, ese último invierno que paso por Buenos Aires. 
Eso causo que la relación con sus padres se quiebre y sus destinos vayan por caminos separados. Para ellos su hija se había ido junto con esa carrera "de hippies y subversivos" y lo que tenían enfrente era una vulgar desconocida. 

Juntó lo poco que tenia en su casa y se fue a vivir con Lourdes a los asentamientos que había dejado el Río de la Plata, el llamado barrio de las afueras. Era un barrio precario con casas bajas, techos de chapas y calles de tierra pero de gente que, como ellas, se había escapado de la calurosa gran ciudad y buscaba una solución rápida a sus problemas de vivienda.  
Se vivía de changas, trabajos part time y otros  menores dentro del mismo barrio. Sufrían constantemente abusos y aprietes por parte de patoteros y delincuentes enviados por los poderosos de la agoviante ciudad que pretendían instalarse allí y extender su territorio. 

La sorpresa llego un día, con Lourdes entrando a la casa de golpe y gritando: 
  • - Mi amor, finalmente vamos a tener un hijo!! Hoy me confirmaron de la clínica, la pareja está embarazada!!   
La cara de Jessica era una mezcla de sensaciones que se fusionaron en un salto de alegría y en gritos por toda la casa. Sin dudarlo un segundo ambas salieron por todo el barrio a comunicárselo a quien sea que pase cerca. La felicidad no podía ser mayor. 

La espera fue larga, 9 meses casi completos. Y cuanto más aumentaba la esperaba y las ansias de que nazca el bebe mas aumentaba la violencia y delincuencia en el barrio de las afueras. Los robos y asesinatos eran cada vez mayor y a su vez iba disminuyendo el terreno y la cantidad de las pequeñas y humildes casas de chapa. 

Pero finalmente nació el pequeño Oscar. Si, un niño. Todo de acuerdo a lo establecido, peso correcto, todo en su lugar y dos madres que lo iban a amar y cuidar como nadie. 
  
Su primer acto como madres fue el de organizar su bautismo. Estaba todo arreglado, se iba a hacer en la pequeña iglesia del barrio, con la gente del mismo lugar con el que ellas vivían a diario y luego una pequeña celebración para la feliz pareja. 
Nada podía salir mal. O casi nada. 

Se empezaba a orquestar un plan para acabar definitivamente con el indeseable barrio. Se habían enterado del gran evento en la pequeña iglesia y todo apuntaba a ese lugar. 

Ese día la gente se fue acercando a la iglesia, la felicidad abundaba y el sol brillaba esperando por el pequeño Oscar y sus madres. Una vez todos dentro la ceremonia comenzó, cuando de pronto se escucha un pequeño ruido de fuga y comienza a esparcirse un gas que recubrió toda la iglesia y los soldados de la gran ciudad comenzaron a entrar. 

  • - Llevátelo a Oscar - grito desesperada Jessica empujándola hacia la parte trasera de la iglesia  

Entre el llanto y la desesperación del momento y entendiendo todo con una simple mirada, Lourdes agarro a Oscar y escapo por detrás hasta el río y ayudados por algunos vecinos que recién se enteraban del ataque que se avecinaba, pudieron escapar en una pequeña balsa. 

En la iglesia todo era caos y terror. Los vecinos desparramados en el suelo, algunos ahogados por el gas, Jessica al igual que otros vecinos muertos por los disparos y el cura sobre el altar muerto por 16 puñaladas. Y eso seria el principio, luego esa masacre se extendería por todo el barrio dejando el terreno lleno de cuerpos sin vida. Finalmente los poderosos habían ganado. 

Allí estaban Lourdes y el pequeño Oscar contemplando el movimiento del río. Hizo el mismo ritual que hacia todos los años. Saco el corcho de la botella, enrollo el papel que había guardado cuidadosamente en su bolsillo, lo metió en la botella y cerrándola suspiro "no me pidas que no sea un soñador má".
Lo dejo en el agua suavemente y se alejó con la mirada fija en la botella, viendo como esta se mecía con el vaivén de las olas y desaparecía bajo los rayos del sol. 

Una vez terminado su pequeño ritual abrazo a su madre, la tomo de la mano y se volvieron para su casa en la pequeña Montevideo donde vivieron felices por siempre. 

Consigna 3 - Nicolás Dudelsack

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